Pagan una suma elevada de dinero cada trimestre, y ese dinero se invierte sólo en gastos internos de la Escuela: salario de más de 50 empleados (limpieza, jardineros, mecánicos, transporte escolar, carpinteros, electricistas... etc), mantenimiento de los jardines, y todos los gastos que conlleva conservar una escuela como ésta. Además, Banani acepta una media anual de 20 alumnas a las que se les paga todo (estancia, material escolar, uniforme, e incluso la universidad a la que accederán posteriormente).
Su nombre completo es, de hecho, Banani International School, con lo cual aceptan alumnas de fuera del país (hay alguna de Botswana, Tanzania o Sudáfrica).
Sin embargo, Primaria es otro mundo.
La Escuela Primaria de Banani cuenta tanto con alumnas como con alumnos. El 90% son hijos e hijas de los empleados que trabajan en Banani (y que poco tienen que pagar por la educación de sus hijos), y vienen de familias muy muy justas económicamente. Fácilmente ves uniformes sucios, chaquetas sin botones, nenes que acuden a clase con no más que un lápiz, y mochilas de quinta o sexta mano. Son niños adorables, con sólo verte venir se abalanzan sobre ti, te sonríen, te dicen que te han echado de menos... Son alegres, cantan a todas horas, se entretienen y ríen con cualquier cosa, valoran cualquier gesto tuyo. Sólo con mirarles te sonríen de vuelta con la mirada. En el patio juegan con todo: palos, piedras, arena.
Uno de estos niños es el hijo de la matrona. Tiene 5 años y cuando termina el colegio viene a casa y casi siempre está solito. La casa de la matrona se encuentra entre el Junior Dorm y el Senior Dorm. El otro día, saliendo de mi Dorm, me llamó:
- ¡Aida!
- ¡Yens! ¿Qué haces?
- Jugar
- Jugar? ¿A qué juegas?
- ¡A un juego! (inocentes...)
- ¿Qué juego?
- ¡A trepar por este muro, mira!
Trepó el muro de su casa, y se sentó encima todo triunfante! Éso es a lo que me refiero... a jugar en el sentido más puro de la palabra.